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Textings Jamminturgia

Los textos escritos por los alumnos.

“Pasa, pasa”

Ana Sañiz
 

Es viernes por la tarde, última hora. B (35) está en su despacho escribiendo en el ordenador. Trabajan en una empresa de ambientadores. A (25) Llama a la puerta.

 

B: Pasa pasa.

A: Mercedes, ya te he mandado los últimos informes de los logotipos.

B: Genial, Amalia. Que pases un buen fin de semana. (No separa los ojos de la pantalla)

A: Qué bien, ambientadores para llevar. (Dice señalando una cajita con forma de corazón de la mesa de Mercedes).

B: Claro, coge uno. Es la promoción para San Valentín. Lo típico.

Amalia coge uno. Hace el amago de hablar, pero se calla. Se da media vuelta, parece que se va, pero vuelve.

A: Este finde iré a la montaña de nuevo. El lugar que me recomendaste es buenísimo.

B: Me alegra que te gustara. (Sigue escribiendo)

A: Es increÍble todo lo que estamos avanzando. (Juguetea con el ambientador en las manos). Pasé por el parking de la montaña. Y ahí estaban. “Ambientadores Fluflu, los mejores para su salud”.

B: Sí, bueno. Estamos haciendo un buen trabajo.

A: En la reunión parece que mi propuesta gustó al comité. Y estoy segura de que eso va a crear grandes beneficios. Qué lindos los niños (dice cogiendo un marco con la foto de los pequeños mientras se sienta).

B: Amalia… (Mira por primera vez a Amalia. Suspira) La idea de realizar ambientadores con la forma del Coronavirus… Como idea de marketing puede parecer graciosa, pero la gente no creo que sea un tema que quiera recordar en el coche siempre. Además, si nuestro lema es “Ambientadores Fluflu, los mejores para su salud”

A: Pero olerá bien, y eso les hará olvidar los malos momentos… Estaba pensando que sería genial tener un aumento para seguir trabajando en esas ideas, sino en otras…

B: Amalia, eso está muy complicado en todo momento con lo que está…

A: (Interrumpe a Mercedes) Si consigues que el comité me lo dé, haré de niñera todos los fines de semana.

B: Amalia, que tengas un buen fin de semana.

A: Sí vale, olvidemos el tema. (Parece que se va a ir, se retoca la blusa, se huele la axila y se gira y se va acercando poco a poco). Mercedes, llevamos muchos años trabajando juntas y la verdad es que creo que el divorcio te ha sentado… francamente bien. Creo que deberíamos salir algún día a tomar algo, algo más informal.

B: Amalia… (Dice con una risa nerviosa). Y me lo dices justo hoy…

A: (Amalia se inclina por encima de la mesa antes de que termine la frase). Estás realmente estupenda, Mercedes. Que nadie te diga lo contrario. (Le pasa el ambientador con forma de corazón que tenía en las manos por alrededor de Mercedes para ambientar. Le da un beso en la nariz y se va). Piénsalo.

Mercedes asiente lentamente algo desconcertada. Amalia se va y cierra la puerta. Se escucha desde fuera a Amalia decir: ¡SÍ!

“SIN ELLA

Pilar M.G.

Irene es la feligresa con más fe y más entregada de la congregación de los Pretorinos. Están en plena asamblea y es su turno de palabra. Irene coge el micro con tenacidad y comienza su discurso con una fuerza inusual en su voz ante la mirada incrédula de sus compañeros.-¡Queridos hermenos! Sé que os resulten extreños mis ropejos, pero si voy de este forme vestide es por heceros ver que el probleme esté equí presente. El incidente que le congregueción os esté intentendo oculter…SATÁN (Irene pone gesto de dolor al pronunciar el nombre). Perdón por decir su nombre. Él esté guenendo poder. El mismísimo demonio se he presentedo ente mí, riéndose de le desgrecie que esté e punto de cometer…. Él mismo me he questiguedo con estos cuernos de quebre y este vestido rojo.Irene bebe un poco de agua con la mano temblando y eleva su tono de voz para proseguir su discurso. Sus compañeros siguen mirándola con demasiada extrañeza.-Pero sé cómo podemos detenerlo, sé cómo podemos eviter que sube e nuestro mundo… Y le solución es, queridos hermenos, dejendo de pronuncier le letre prohibide. Le letre…Irene enseña un folio mostrando la letra A. Y prosigue:-No me miréis como si estuviere loque. Joan, no te leventes. ¿Dónde te crees que ves? Por fevor, tenéis que creerme (Irene suplica mientras la audiencia empieza a levantarse). Él esté més fuerte que nunque. Puede perecer difícil, pero, escúchenme, me entendéis perfectemente lo que digo. No es ten compliquedo. Ese letre del demonio no puede seguir entre nosotros.Cuando el último feligrés sale de la sala dejando a Irene con la palabra en la boca, ésta se baja del atril y se sienta en uno de los bancos ya vacíos y con los ojos llenos de lágrimas dice:- Pues nede, yo lo intenté… Y encime ye me ecostumbré e hebler esí.

Un atril y un micrófono 

Un atril y un micrófono. Detrás un ataúd. A entra vestida de payasa, con la cara pintada propia de una payasa. Papeles en las manos. Se acerca al micrófono.

 

Siempre me dije que el futuro tenía que sería para todos, pero nunca estuve más equivocada. A mis 59 años me he dado cuenta de que no hay porqué perpetuar el hecho de ser infelices. (Mira los papeles de reojo). Nos esforzamos desde pequeñitos en decirle a los bebés “a ver ríete”, cuando tal vez debieran llorar más de lo que ya lo hacen, para que así la vida no les doliera tanto al crecer. (De pronto, a causa de los nervios, se toca la flor que tiene en el bolsillo y suelta un chorrito de agua que mancha los papeles del discurso). No se rían, esto debería darles pena. He pasado por hospitales, colegios, salas de espera… El ser humano es insatisfecho por naturaleza porque nos creemos que tenemos todo el tiempo del mundo. Y es ahí donde quiero indagar. (Carraspea) Me gustaría proponer hoy, en el funeral de mi exmarido Francisco, que lancemos una lanza a favor del suicidio voluntario de las personas de 60 años. Bueno, voluntario, por ley. (Hace un gesto para calmar al público). Entiendo su sorpresa, pero les aseguro que es lo mejor para nuestra vida. Creo que deberían quitarnos esa fantasía de que podemos vivir para siempre. Es decir, con esto de que tenemos una esperanza de vida larga nos creemos inmortales. Mi abuelo sabía que podía morir en cualquier momento, y vivía como nunca. (Comienza a hacer una flor con globoflexia). Si ya supiéramos lo que fuéramos a vivir no perderíamos el tiempo. Si supiéramos que a los 60 años PUM, tenemos que matarnos nosotros mismos… Sería distinto. (Se ríe para sí misma). Por ejemplo, no tendríamos tiempo para escribir un testamento en el que dejar todo lo que hayamos conseguido a alguien (mira hacia el ataúd), lo disfrutaríamos nosotros hasta desgastar cada uno de nuestros bienes. ¿De qué sirven las casas de la playa abandonadas durante invierno? (Pincha uno de los pétalos de la flor que estaba haciendo). ¿De qué sirve el dinero que no has utilizado? (Pincha otro pétalo de la flor. Se escucha como el micrófono se acopla por un momento). Realmente considero que debemos ser nosotros mismos quienes tomemos la decisión. Así no tendríamos que tener la obligación de quedarnos con la vida de la persona que muere por un testamento. La única declaración que efectuó Francisco fue “Deberás encargarte de mi trabajo ya que la muerte me ha separado de él” y miren… no he podido realizar el entierro hasta 3 años después por todo el trabajo que me dejó. No se vayan por favor, entiéndanme. (Hace sonar una bocina que lleva en el bolsillo). Oigan… (Vuelve a hacer sonar la bocina) La vida no tiene que seguir. ¿Cuando eres viejo para qué sirves? Sólo molestas a los demás, y ya no puedes ni trabajar. La palomas son el único ser vivo que viven gracias a ti. A todos los demás les molestas. En las colas vamos lentos. Y al fin y al cabo, nuestras experiencias podemos escribirlas y delegarlas, no es necesario vivir para contarlas. Se lo digo yo que tengo 59 años. Francisco hizo el intento de ser más feliz gracias a esto, y al menos si él no lo era, decía hacer feliz a los demás… El dominó no lo es todo. Miro esos agujeros negros y así siento que es mi vida. Encima creas un gasto a los jóvenes teniendo que mantenernos… Mi hija a veces me pregunta cómo estoy con pena. Y odio dar pena. (Bebe un vaso de agua). Ya no me trae ni a mis nietos porque tiene miedo de que les malcríe… Pero si da igual. Si a los 60 espero que se mueran. Que vivan como quieran. (Ya no queda nadie en el velatorio excepto un niño que mira con una sonrisa. Comienza a hacer un perrito de papiroflexia y se lo da a la única persona del público que parece quedar). Pequeño, no me mires así… Supongo que los payasos que aparezcan durante tu vida serán mucho mejor. Piensa que tú también tendrás que hacerlo, así que vive como puedas y ama como nunca. Hoy es mi cumpleaños. (Se echa confeti, saca una pistola y se escucha un sonido estremecedor a la vez que se apaga la luz).

Por Ana Sañiz

 

¿Buenas noches? 

B está sentado en un banco blanco. A los pies del banco se simulan nubes. A la izquierda del banco, arriba, se ve una pantalla con números en rojo, marca el 58 y un dispensador de tickets para coger turno. B mira la pantalla de vez en cuando, está esperando. A lleva un vestido y una mochila en su espalda. B tan solo espera con un traje y un sombrero.

A: ¿Buenas noches?

B: ¿Lo pregunta?

A: Lo pregunto.

B: Ahora lo afirma.

A: Buenas noches.

B: Buenas noches.

(Pausa)

A se queda esperando de pie. B le hace una seña con la cabeza para que se acerque al dispensador a coger número. A se acerca y coge un ticket.

A: El 68… (Mira hacia el número de arriba) ¿Usted qué número tiene?

B se muestra reservado. Le enseña el papelito.

A: Si usted es el 54 y yo el 68… ¿Dónde está el resto?

B se encoge de hombros…

A Se sienta en el banco alejado de B. Lleva una mochila que abre y saca un bocadillo de chorizo. B reacciona al olor.

A: Alicia, encantada. (Extiende la mano para saludar llena de migas de pan)

B: Bernardo.

(Pausa. Sólo se escucha el mascar de Alicia. Bernardo reacciona de forma que hace que se quiera alejar un poco más de ella. A mira de nuevo su número de ticket).

A: Es curiosa la vida. Nunca pensé que en esta situación pudiera tener hambre. Es que no puedo parar de comer. Resulta que yo realmente no tendría que estar aquí, pero tampoco puedo culpar a nadie. Bueno, seguramente usted tampoco, ¿o sí? Es decir, sí que puedo. A un animal, pero realmente tampoco tenía la culpa. (Continua comiéndose el bocadillo). No sé si me explico, el gato salió corriendo y yo tuve que ir detrás de él, era mi responsabilidad. Yo siempre tengo prisa. Bueno, mi responsabilidad que tampoco es que fuera mi gato. Gata. Gato. No, gata. Entonces lo último que recuerdo es un grito de un hombre y aquí estoy. Menos mal que iba bien vestida y he podido conservar los libros de mi maleta… (B mira de refilón a A) porque yo pensaba que aquí acababa uno como Dios le trajo al mundo, bueno, seguro que él me puede responder ahora a eso. Estar con mis libros me agrada, tal vez los libros también mueren y por eso se han venido conmigo. Pensaba que todo esto sería más rápido y ahora tenemos que estar aquí, esperando, escuchándonos los unos a los otros… ¿Me entiende? ¿Sabe si hay papelera de reciclaje por aquí? (En cuanto lo dice cae una papelera de arriba color amarillo para el plástico). Buala, ¿Hay más gente arriba? Pensaba que esto era el tope. (A tira el plástico del bocadillo).

B: Terrones de azúcar.

A: ¿Cómo?

B: Lo único que han quedado en mis bolsillos son terrones de azúcar.

A se sienta en el banco y suspira.

A: Debería ser todo como más ligero, menos pensar. Estos trámites no los entiendo. Si ya se acabo para que esperar. ¿No, Bernardo?

Se escucha un pitido y se enciende una luz verde. Pasa de número. Pausa.

A: Ya mismo le toca. (Dice con una sonrisa entusiasmada).

Se escucha de nuevo el pitido y pasa de número. Bernardo se mete la mano en el bolsillo para sacar el terrón de azúcar y salen muchos más tickets con números. Empieza a ponerse nervioso. B le da su número a A. A coge el número y le da el suyo a B.

A: Espero que le sea leve la espera.

A va a irse. Vuelve, le da un abrazo a B y entra por la puerta. B se quita el sombrero y se le saltan las lágrimas.

Por Ana Sañiz

La orilla

La orilla de la playa, seis de la tarde, me mojo los pies junto a mi chica, la miro, ya no lo aguanto más, se lo tengo que contar, da igual que alguien puede sentir que en a la playa, para una vez que se va al año, no se discute ni se echa nada en cara.
A.- Lo sé todo, te he estado mirando el móvil. Me he estado haciendo el tonto, pero veo que esto pasa de castaño oscuro
B.- ¿que me has mirado el qué?
A.- EL móvil, te crees que soy tonto, que no te veo chatear? tu es que no te ves, pero a veces te miro y le pones la misma cara al móvil que a mí cuando me conociste. No soy tonto
B.- Yo te quiero
A.- Pues mándame a la mierda, porque si no te voy a mandar yo, que sí que te quiero
B.- Lo estás sacando todo de quicio
A.-.Sacar de quicio es que me digas que no vas a celebrar tu cumpleaños y que al día siguiente me encuentre las redes con tus amigotes por todo Málaga. ¿Eso es sacarlo de quicio?

En ese momento B comienza a ponerse verde, pero verde, verde, como con escamas, se empieza a transformar en algo parecido a un atún, pero continúa hablando como si no pasase nada, obviamente no se ha dado cuenta.
A.- qué coño te está pasando
B.- A mí no me ha pasado nada, es solo que ya no me tocas ni con un palo
A.- amore, eso ha pasado a un segundísimo plano, te estás convirtiendo en un atún, o una baila, o en un pargo, no lo sé.
A.- Toma ponte corriendo mi medalla del día del padre
B.- pero qué coño dices
A.- Que te has convertido en un pez no te estás viendo?
B.- Es verdad Socorrooooooo
A.- Corre ponte la medalla y que San Pancracio te salve del infierno porque del castigo en la tierra va a ser difícil
B.- Me están entrando unas ganas locas de nadar

B.- Pero antes te tengo que pedir perdón, tienes razón, me he portado fatal
A.- Eso ahora no importa, ponte la medalla
B. Ya no tengo cuello, no me cierra
A.- Qué ha pasado
B.- Está claro, me he convertido en un atún, me voy a lo hondo
A.- No
B.- Me llama, es muy fuerte la llamada
A.- No te vayas, te perdono
B.- Lo siento, ya es tarde
A.- Adioós mi amor
B.- Adiós y prométeme no comer nunca más atún
A.- Prometido
A.- que te lo has creído hija de puta

Daniel Acosta

 

 

Nunca me olvidaré

Nunca me olvidaré de lo que me dijo mi padre aquel día.
Yo, con las manos semi-temblorosas, agarrando el pasaje de avión ya pegajoso. Un vuelo solo de ida. Me estaba lanzando a lo desconocido, al infinito. Cuando pensaba en eso, los nervios aflojaban un poco.
Mi padre me miró y empezó con:
– Ya sabes Jose, a partir de este momento no hay vuelta atrás.
No, no dijo eso. Mi madre si me dijo que dejara de hacer ruido al masticar. Ella siempre tan práctica.
Vaya escena. Cuando tenga nietos y les diga: “sentaos y escuchad, esta es la historia de mi viaje al infinito”. Que especial va a ser.
¡Ah! Ya me acuerdo, mi padre me dijo:
– A partir de este momento, todo lo que hagas será tu responsabilidad”.
O algo así. No…
– Todo lo que construyas dependerá de…
No, no dijo “construir”.
¿Estaba mi padre en el aeropuerto?
Si, si estaba, porque nunca me olvidaré de esa frase que me dijo. La tengo grabada.

Anónimo.

Narraturgia:

Es una comisaría. Hay una mesa con un café humeante y dos blísters de pastillas junto a la taza. La puerta, de cristal esmerilado, se está abriendo y se oye una voz profunda desde fuera. La puerta se abre y entra un niño envuelto en una sábana, volando. La mesa es una cama enorme con montañas de sábanas apiladas y en una esquina hay un caballito de madera. El caballito es una silla sobre la que cae una camisa, la última prenda que se ha quitado Nacho. La cama sigue estando ahí, pero en lugar de una pila de sábanas está Isabel, desnuda. Sobre la cama hay un cuadro de un paisaje de islas griegas. El cuadro es un póster de la Oreja de Van Gogh y bajo él hay una guitarra eléctrica. Al lado, una cómoda abierta con varios jerséis sobresaliendo entre los cajones. Hay más ropa en el suelo. Ahora en el suelo hay un perro manteniendo una interesantísima conversación sobre filosofía moderna con su amo, que se sienta en un sofá. Frente al sofá hay una televisión apagada y detrás un armario. La televisión es ahora un charco de sangre.

Miguel Armero

 

Autoficción:

Ahí está, mírale. Camina con esa confianza, con esa seguridad. Pero lo que más impacta es su felicidad. ¡Es feliz! Me lo contaron pero no me lo creía. ¿Cómo puede ser posible? Dejo su trabajo hace un tiempo y debería estar pasándolo fatal, sin curro, sin ingresos… Pero mírale! se ríe a carcajadas por la calle mientras se come unos churros. Dicen que se ha enamorado, que pronto se mudará de país. Y parece que nada le afecta. No su situación económica, ni la incertidumbre de su futuro… y mucho menos lo que piensan de él.

Miguel Armero

 

 

Fragmentación:

Ramón mira el reloj de pared. En su despacho todo está limpio y huele a caro. Mira alrededor. Madera, cuero y cristal. Vuelve a mirar el reloj. Está en Luanda y hace mucho calor. Ha colocado su reloj de pulsera sobre un tocón y lo mira, pendiente del segundero. Cada 10 segundos aprieta el débil pecho del nicho que yace medio muerto bajo sus manos. Aguanta, joder, aguanta. Aguanta la mano de Elvira por última vez, mientras ella le clava un beso en la mejilla y un “te quiero como amigo” en el corazón. El corazón de su padre se ha visto reducido a una línea verde en una pantalla. Montaña y valle, montaña y valle. El valle es extenso y fértil, una buena adquisición. Sus excavadoras rugen detrás de él, pronto todo esto será asfalto y cemento.

Miguel Armero.

 

 

Mi musa:

Mi musa es invisible como el viento, que se siente pero no se ve. No sé dónde vive. Simplemente aparece cuando más la necesito (y cuando no, también), pese a que a veces no la preste suficiente atención. Es inmensa, me enseña cosas de todo tipo y a vivir con luz.
A veces la busco y nunca se esconde. Nace de mi interior, quizás desde algún lugar de mi alma también. Me conecta con el mundo y me aleja de él. Me ayuda a organizar mi mente y a serenarme.
A veces mi musa cobra forma y aparece en personas que están en mi vida o que se cruzan en ella y me inspiran. Por ejemplo mi musa puedes ser tú.
Otras veces mi musa reaparece en diferentes entornos urbanos, en animales y sobre todo, en los elementos de la naturaleza en general. De esta manera, ¡mi musa está en el agua, en el viento y en las estrellas!
Me guía a través de pensamientos diversos, de recuerdos e intuiciones, en montones de ilusiones y desilusiones, en la alegría y en el dolor. Además en conversaciones, en los textos, obras cinematográficas, en el teatro, en los sonidos musicales, en la danza, en el movimiento, en la fotografía, en las artes plásticas y en otros tipos de manifestaciones artísticas en general.
Y cómo no, mi musa se muestra en mi hijo de tres años, al que no puedo parar de mirar y le hago muchas fotografías. Cada vez que está entre mis brazos me hace sentir una ternura y un amor indescriptible, pues al fin y al cabo, mi musa también es el amor y por suerte mi musa está en mi vida.

Inma Sabariegos